El hongo Candida Albicans

Una de las mayores causas del metabolismo lento es la infección del cuerpo por el hongo Candida Albicans.

El hongo candida albicans es una de las más de 150 especies de hongos que habitan en el cuerpo humano. Se llama así porque este hongo es de color blanco. La palabra candida proviene del latín candidus que quiere decir blanco brillante; y la palabra albicans viene del latín albus que también significa blanco.

Todos los seres humanos tenemos este hongo en nuestro cuerpo, especialmente en el intestino (en la flora intestinal) y en la mujer se presenta con frecuencia en la flora vaginal, causando lo que se conoce como Candidiasis.

En condiciones normales, este hongo no se manifiesta causando enfermedades. Sin embargo, el descuido con la alimentación provoca una proliferación del hongo manifestándose de forma agresiva por distintas partes del cuerpo.

Como se ha mencionado, el Candida Albicans se prolifera mediante el consumo excesivo de hidratos de carbono refinados (harinas, azúcares). Debido a ello, el hongo crea una resistencia haciendo con que los anticuerpos naturales no sean capaces de combatirlo produciendo la candidiasis, además, puede trasladarse de la flora intestinal y viajar por el torrente sanguíneo a distintas partes del cuerpo produciendo un malestar generalizado.

Síntomas más comunes que se presenta:

  • Estreñimientos;
  • Flujo o picor vaginal;
  • Gases intestinales o estomacales en exceso;
  • Infección urinaria;
  • Irregularidad o trastornos en la menstruación;
  • Irritabilidad y/o síntomas depresivos;
  • Picores en la piel;
  • Sensibilidad a la luz solar;
  • Sinusitis;
  • Cansancio contínuo;
  • Obesidad;
  • Migrañas;
  • Dolor o ardor al tener relación sexual;
  • Acné;
  • Hipotiroidismo;

¿Qué hacer?

El primer procedimiento necesario es la disminución del consumo de los carbohidratos refinados, ya que alimentan al hongo, pues, al reproducirse, produce 78 tóxicos distintos que crea un ambiente ácido en nuestro cuerpo frenando al metabolismo.

Además, el consumo de prebióticos (fibras vegetales) y probióticos (fermentados), favorecen el correcto desarrollo de la microbiota intestinal, reduciendo las probabilidades de proliferación del hongo.

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